A
Federico Garcia Lorca
En un
pueblo cualquiera
hombres surgen
que
como locos
procuran sentidos
nuevos
sueñan en
altivez
y quieren ver el
corazón
semejante a un
globo
que con el
calor
de la amistad
y sinceridad
vuela alto
muy alto.
¿Pero para qué su
tiempo
perder?
¿Por qué creer
si muchos no
quieren ver?
No les importan.
su ideal
es mayor que
los no del
mundo entero,
se hacen sordos
a los llamados
del mundo…
y a la lucha
se van
llevando y
jugueteando
con palabras,
amadas y temibles
por caudillos que de unos
sacan el
placer…
Hombres son,
que como dioses
crean y
renuevan la
creación,
alimentan otros
suyos
para que a los
cielos lleguen
sin velos,
sin tinieblas
e ilusión.
Como en un
hechizo
abren un
cuaderno
haciéndose hombres
serios…
¡Dan alegría
sin putifaria!
Los ángeles
los envidian:
no pueden crear,
no pueden cambiar,
son mudos
y sordos y
sordomudos
en un mundo
de no sordos
de no mudos
de conceptos y
preconceptos
con esos y
aquellos…
Para ellos no hay
diferencias,
no hay tiranía,
debe haber
siempre alegría…
y crean palabras,
y muestran albedrío,
y hacen gritería
si la paz no llega
si el pobre no come
si el niño
no duerme…
Son un
aprieto en
el zapato
de los descarados
coronados
de arrogancia
de petulancia y
opulencia, entonces
les cierran
la voz
les sacan
la pluma
les encadenan
la vida
les matan…
Mientras
el callo
aprieta más
pues la voz
ya ha
gritado
la pluma ya
ha escrito
la vida ya
ha vivido
y la muerte
no ha podido segar
sus sueños
su amor
su libertad
creadora
y transformadora…
©
Antônio Jackson de Souza Brandão